Baeza

Baeza

El conjunto histórico – artístico de la ciudad de Baeza, es declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad el 3 de junio de 2003, junto a Úbeda, debido al buen estado de conservación de sus múltiples edificios renacentistas y a su singular casco urbano.

Baeza se encuentra en el centro geográfico de la provincia de Jaén, considerándose capital occidental de la comarca a la que pertenece, La Loma. Actualmente, su fama es debida a la gran producción olivarera que posee, su extenso legado monumental y por haber sido sede universitaria desde el siglo XVI (hoy día alberga una de las sedes de la Universidad Internacional de Andalucía).

Baeza fue punto clave en la conquista de Al-Ándalus por los reyes cristianos, formando parte del reino de Castilla de manera definitiva desde 1227. Denominada por el romancero como “Nido Real de Gavilanes”, la posesión de su inexpugnable alcázar aseguró la retaguardia castellana a la vez que era una amenaza constante para los reinos islámicos situados al oeste y al sur del río Guadalquivir.

La mayor parte del siglo XVI y parte del XVII, supuso un periodo de gran crecimiento demográfico y económico, construyéndose edificios públicos y administrativos en la ciudad de Baeza con alto sentido de capitalidad y dignidad, que junto a los edificios eclesiásticos, conforman un entramado urbano caracterizado por una gran monumentalidad que da a la ciudad un especial encanto a los ojos del visitante.

Podríamos hablar de una “prehistoria” relevante en este lugar debido a los numerosos yacimientos arqueológicos que hay catalogados, aunque no es hasta la Edad del Cobre cuando aparecen ciertos grupos de humanos de identidad significativa. En la Edad del Bronce aparecen nuevos poblados en los que las actividades continúan siendo prácticamente las mismas, aunque a través de los ajuares funerarios se deduce cierta estratificación social. Al sur de Baeza, en el cerro del Alcázar, existió durante al menos 300 años una de estas ciudades íberas, amurallada y con cabañas intramuros bajo las cuales se producían los enterramientos. A partir del siglo IV a. C., en este mismo cerro se ubicarán sucesivos poblados íberos.

Al final del imperio romano, Baeza recogerá el testigo de la capitalidad de la provincia que hasta este momento caía sobre Cástulo, al trasladarse a la ciudad la ceca y el obispado. Durante la Hispania visigoda fue sede episcopal de la iglesia, perteneciente a la Archidiócesis de Toledo. Con la llegada de los musulmanes, llegarán nuevos cambios a la llamada Bayyasa, durante el siglo VIII. El 30 de noviembre de 1227 será Fernando III quien tome posesión definitiva de la ciudad y la integrará en el Reino de Castilla.

Baeza gozará de un gran crecimiento económico durante los siglos XV y XVI, gracias a la gran producción agrícola además del peso de la caballería, la ganadería y el comercio de estas manufacturas. A mediados del siglo XVI, la pequeña nobleza baezana quiso proyectar su estatus social a través de la monumentalidad de sus casonas y edificios públicos. Todo ello se paralizó durante el siglo XVII por la recesión económica que sufría el país motivada por la política de continuas guerras estériles de los sucesores de Felipe II. Este punto de inflexión constituiría en Baeza un muro casi insalvable. Solo la monarquía parlamentaria de 1978 trae consigo una coyuntura económica algo más propicia para Baeza, pero su relanzamiento no será hasta su declaración, junto a Úbeda, como Patrimonio de la Humanidad, incrementando así, considerablemente, el interés del sector público.

Baeza se asienta sobre un terreno continuamente habitado desde largo tiempo atrás, y es por ello que aún retiene un patrimonio monumental muy destacado en el que podemos admirar diversas culturas, periodos y estilos artísticos. No obstante, la parte más rica, corresponde a la Baeza cristiana, desde el tardo-románico y el gótico, al renacentista, manierista, barroco y neoclásico.