Baeza

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UBEDA

El conjunto histórico – artístico de la ciudad de Úbeda, es declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad el 3 de junio de 2003, junto a Baeza, debido al buen estado de conservación de sus múltiples edificios renacentistas y a su singular casco urbano.
Como capital de la comarca de La Loma de Úbeda, constituye un importante centro de atracción, derivando en uno de los índices de centralidad más altos de la provincia, con una población flotante de, aproximadamente, 200.000 habitantes. Además de ello, es uno de los mayores productores y envasadores de aceite de oliva de la provincia, situándose la comarca de La Loma como la mayor productora mundial, con el 15% de la producción aceitera del
mundo.
Pero sin lugar a dudas, la riqueza de hoy se corresponde con el esplendor de antaño. Los primeros asentamientos en la zona, se remontan a la Edad del Cobre. Investigaciones arqueológicas recientes arrojan seis mil años de antigüedad sobre la ciudad, siendo así Úbeda la más vieja científicamente documentada de Europa Occidental.
Finalizada la conquista de Granada, la ciudad asistió a un desarrollo económico basado en la agricultura y una importante ganadería caballar y mesta propia, que fundamenta el periodo de mayor esplendor de la ciudad; todo ello, conlleva un aumento demográfico que hizo que alcanzara los 18.000 habitantes.
Con la llegada de Francisco de los Cobos, secretario del emperador Carlos I, entra el gusto por el arte en Úbeda, y de manos del arquitecto Andrés de Vandelvira, la ciudad se llena de palacios.
Los siglos XVII y XVIII serán de decadencia para Úbeda, inmersa en la crisis generalizada que sufre todo el país. Así, la ciudad se fue descapitalizando, se agudizaron las diferencias sociales y se incrementó la miseria de la mayoría. La Guerra de la Independencia Española, con la ocupación francesa en la ciudad desde 1810 hasta 1813, trunca cualquier posibilidad de recuperación y la situación la lleva a un estado de ruina económica. Las desamortizaciones eclesiásticas de 1820 y 1836 supusieron que la mayor parte de los conventos fueran expropiados y vendidos en subasta pública. Sus palacios, vacíos ya de todo lujo, permanecerán abandonados.
Pero a finales del siglo XIX, la pequeña burguesía logrará el resurgir de la actividad en la ciudad gracias a la agricultura y la industria. Durante los años 20 del siglo XX se ponen en práctica numerosos proyectos de reformas y mejoras en la ciudad.
Al igual que Baeza, es un Renacimiento con señas de identidad propias. Esta ciudad, cuenta con cerca de 50 monumentos notables y más de un centenar de edificios de interés, casi todos renacentistas, aunque en perfecto equilibrio con los volúmenes árabes, góticos o barrocos.
Por todo su patrimonio, Úbeda fue la segunda ciudad de España en ser nombrada Conjunto Histórico – Artístico (1955), en 1975 recibe el nombramiento por parte del Consejo de Europa como Ciudad Ejemplar del Renacimiento y en 2003, Patrimonio de la Humanidad, junto a Baeza. Además de todo ello, por la ciudad encontramos varios edificios declarados Monumento nacional y otros tantos Bien de Interés Cultural.

BAEZA

El conjunto histórico – artístico de la ciudad de Baeza, es declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad el 3 de junio de 2003, junto a Úbeda, debido al buen estado de conservación de sus múltiples edificios renacentistas y a su singular casco urbano.
Baeza se encuentra en el centro geográfico de la provincia de Jaén, considerándose capital occidental de la comarca a la que pertenece, La Loma. Actualmente, su fama es debida a la gran producción olivarera que posee, su extenso legado monumental y por haber sido sede universitaria desde el siglo XVI (hoy día alberga una de las sedes de la Universidad Internacional de Andalucía).
Baeza fue punto clave en la conquista de Al-Ándalus por los reyes cristianos, formando parte del reino de Castilla de manera definitiva desde 1227. Denominada por el romancero como “Nido Real de Gavilanes”, la posesión de su inexpugnable alcázar aseguró la retaguardia castellana a la vez que era una amenaza constante para los reinos islámicos situados al oeste y al sur del río Guadalquivir.
La mayor parte del siglo XVI y parte del XVII, supuso un periodo de gran crecimiento demográfico y económico, construyéndose edificios públicos y administrativos en la ciudad de Baeza con alto sentido de capitalidad y dignidad, que junto a los edificios eclesiásticos, conforman un entramado urbano caracterizado por una gran monumentalidad que da a la ciudad un especial encanto a los ojos del visitante.
Podríamos hablar de una “prehistoria” relevante en este lugar debido a los numerosos yacimientos arqueológicos que hay catalogados, aunque no es hasta la Edad del Cobre cuando aparecen ciertos grupos de humanos de identidad significativa. En la Edad del Bronce aparecen nuevos poblados en los que las actividades continúan siendo prácticamente las mismas, aunque a través de los ajuares funerarios se deduce cierta estratificación social. Al sur de Baeza, en el cerro del Alcázar, existió durante al menos 300 años una de estas ciudades íberas, amurallada y con cabañas intramuros bajo las cuales se producían los enterramientos. A partir del siglo IV a. C., en este mismo cerro se ubicarán sucesivos poblados íberos.
Al final del imperio romano, Baeza recogerá el testigo de la capitalidad de la provincia que hasta este momento caía sobre Cástulo, al trasladarse a la ciudad la ceca y el obispado. Durante la Hispania visigoda fue sede episcopal de la iglesia, perteneciente a la Archidiócesis de Toledo. Con la llegada de los musulmanes, llegarán nuevos cambios a la llamada Bayyasa, durante el siglo VIII. El 30 de noviembre de 1227 será Fernando III quien tome posesión definitiva de la ciudad y la integrará en el Reino de Castilla.
Baeza gozará de un gran crecimiento económico durante los siglos XV y XVI, gracias a la gran producción agrícola además del peso de la caballería, la ganadería y el comercio de estas manufacturas. A mediados del siglo XVI, la pequeña nobleza baezana quiso proyectar su estatus social a través de la monumentalidad de sus casonas y edificios públicos. Todo ello se paralizó durante el siglo XVII por la recesión económica que sufría el país motivada por la política de continuas guerras estériles de los sucesores de Felipe II. Este punto de inflexión constituiría en Baeza un muro casi insalvable. Solo la monarquía parlamentaria de 1978 trae consigo una coyuntura económica algo más propicia para Baeza, pero su relanzamiento no será hasta su declaración, junto a Úbeda, como Patrimonio de la Humanidad, incrementando así, considerablemente, el interés del sector público.
Baeza se asienta sobre un terreno continuamente habitado desde largo tiempo atrás, y es por ello que aún retiene un patrimonio monumental muy destacado en el que podemos admirar diversas culturas, periodos y estilos artísticos. No obstante, la parte más rica, corresponde a la Baeza cristiana, desde el tardo-románico y el gótico, al renacentista, manierista, barroco y neoclásico.